Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

viernes, 15 de septiembre de 2017

SOLEDAD DE MARÍA

Haz tú esta piadosísima meditación con María, vete con Ella quitando aquellas espinas una a una, con mucho cuidado, como si aún sufriera con ellas Jesús
Jesús muerto en los brazos de su Madre.- Imagínate aquel cuadro. Pendiente de la Cruz el cadáver de Cristo, lleno de largos manchones de sangre cuajada, cubierto de heridas, materialmente deshecho, sin belleza ni hermosura, ni casi figura humana; labios exangües, ojos sin vida; aquello no es más que eso, ¡un cadáver! Y es el ¡Hijo de Dios!, ¡qué misterio!

A los pies de la Cruz, un grupo de almas buenas, llora sin cesar. Grande, muy grande es su dolor, pero ¿cómo compararlo con el de aquella Madre que llora la pérdida de su Hijo? ¡Pobre Madre! ¿Qué va a hacer ahora sin su Hijo? Quizás, en medio del dolor, comenzó a preocuparla la sepultura de su Hijo, pero ¿cómo y dónde?, ¿si Ella no tenía sepultura, ni medios para comprarla?, ¿si sus amigos se habían ocultado unos y otros se habían hecho enemigos? ¿A dónde acudir? ¿Quién bajará a su Jesús de la Cruz? ¡Qué consuelo en medio de su pena, cuando ve a aquellos santos varones que van a cumplir este piadoso oficio! ¡Qué agradecimiento no guardará Ella en su Corazón!

Y, efectivamente, con gran cuidado le bajan de la Cruz y depositan el Santo Cuerpo, en brazos de María. Póstrate en espíritu junto a esa Madre y medita con Ella, porque ¿qué meditación haría la Virgen entonces? ¿Cómo iría recordando ante la vista de aquel Cuerpo, todos y cada uno de los tormentos de la Pasión? Ahora recordó todo lo pasado, las escenas de Belén, los idilios de Nazaret, los días felices en que Ella cuidaba de su Hijo, como ninguna madre lo ha podido hacer.

Ahora entendió de una vez, lo que significa la espada de Simeón, que toda la vida llevó atravesada en su Corazón. Ahora comprendió lo que era ser Madre nuestra. ¡Madre de los pecadores!, que así habían puesto a su Hijo. Y ¿a esos precisamente iba Ella a amar? ¿A esos querer como a hijos, cuando así habían hecho sufrir a su Jesús? ¡Oh, qué dolorosa maternidad! Y, sin embargo, besando, una a una aquellas heridas, iría repitiendo: “Soy la esclava del Señor, hágase en mí tu Divina voluntad”


Haz tú esta piadosísima meditación con María, vete con Ella quitando aquellas espinas una a una, con mucho cuidado, como si aún sufriera con ellas Jesús. Limpia aquellos ojos y aquel rostro afeado con tantas salivas y sangre, toca aquellas manos y pies agujereados y besa, besa aquel costado abierto y no apartes tus ojos de aquel corazón que se ve por la herida, sin vida, sin latir, sin movimiento, pero no sin amor y en cada herida, recuerda tus pecados y mira lo que has hecho con ellos. 


miércoles, 13 de septiembre de 2017

QUINTA APARICIÓN - 13 DE SEPTIEMBRE DE 1917

Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre  vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen, San José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiero que durmáis con la cuerda puesta; llevadla sólo durante el día

Quinta Aparición

Jueves, 13 de septiembre

Al aproximarse la hora fui a Cova de Iría con Jacinta y Francisco entre numerosas personas (unas treinta mil) que nos dejaban andar con dificultad. Los caminos estaban apiñados de gente; todos nos querían ver y hablar, allí no había respetos humanos. Mucha gente del pueblo, y hasta señoras  y caballeros, consiguiendo romper por entre la muchedumbre que alrededor nuestro se agolpaba, venían a postrarse de hinojos delante de nosotros pidiendo que presentásemos sus necesidades a Nuestra Señora. Otros, no consiguiendo llegar junto a nosotros, clamaban de lejos. Uno de ellos:

-¡Por el amor de Dios, pidan a Nuestra Señora que me cure a mi hijo, que está impedido!
Otro:
-Que me cure el mío, que es ciego.
Otro:
-El mío, que es sordo.
-Que me traiga a mi marido o mi hijo, que están en la guerra; que convierta a un pecador, que me dé salud, que estoy tuberculoso,  et cétera.

Allí aparecían todas las miserias de la pobre humanidad y algunos gritaban subidos a los árboles y a las tapias con el fin de vernos pasar. Diciendo a unos que sí, dando la mano a otros para ayudarles a levantarse del polvo de la tierra allá íbamos abriendo camino entre la muchedumbre. Ahora cuando leo estas escenas encantadoras del Nuevo Testamento, del paso de Nuestro Señor por Palestina, pienso en nuestros pobres caminos y sendas de Ajustrel, Fátima y Cova de Iría, y doy gracias a Dios ofreciéndole la fe de nuestra buena gente portuguesa. Y pienso si ellos podían humillarse como lo hicieron ante tres pobres niños, sólo porque eran agraciados de hablar a la Madre de Dios, ¿qué no harían si pudieran ver a Nuestros Señor mismo en persona delante de ellos?

Bien, esto no tiene que ver con la materia, era una distracción de mi pluma que me llevaba a parte donde yo no quería una inútil divagación. No lo arranco para no estropear el cuaderno.

Por fin llegamos a Cova de Iría y al alcanzar la encina comenzamos a decir el rosario con la gente. Un poco más tarde vimos el reflejo de luz a acto seguido, sobre la encina, a Nuestra Señora, que dijo:

-Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre  vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen, San José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiero que durmáis con la cuerda puesta; llevadla sólo durante el día.
-Me han pedido para suplicarle muchas cosas: la curación de algunos enfermos, de un sordomudo, et cétera.
-Sí, a algunos los curaré, pero a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean.
Y comenzó a elevarse, desapareciendo como de costumbre.

(Los niños tomaron muy a pecho las palabras de la Virgen en agosto, que pedía sacrificios por los pecadores. Uno de los sacrificios más dolorosos era el de la cuerda que cada uno de ellos llevaba atada a la cintura. Tanto las hacía sufrir, que Jacinta a veces hasta lloraba con la violencia del dolor. La Virgen las dijo con solicitud maternal que de noche no usaran la cuerda para poder disfrutar del reposo necesario. Otros sacrificios eran no comer la merienda, que preparaban entre los pobres. Dejaban los higos y las uvas. “Teníamos lo costumbre de ofrecer de vez en cuando el sacrificio de pasar una novena o un mes sin beber. Hicimos una vez este sacrificio en pleno de agosto, en que el calor era sofocante” Mayores todavía eran los sacrificios que les exigía la misión que la Virgen les encomendara: las vejaciones, la curiosidad y molestias de la gente, sus interminables visitas y preguntas, la persecución y la prisión, y por fin la larga enfermedad de Francisco y, sobre todo, de Jacinta a la cual varias veces visitó la Virgen, previniéndola que moriría solita, después de sufrir mucho)


martes, 12 de septiembre de 2017

NOMBRE DE ESPERANZA

“Que el nombre de María fue sacado desde la eternidad de los tesoros mismos de la Divinidad, cuando en el Cielo fue decretada la Redención mediante la Encarnación del Verbo”

Deduce de aquí cómo debemos de respetar y venerar este Santísimo Nombre y cómo después del nombre de Jesús no hay otro ni más santo, ni más dulce, ni más útil, para nosotros, que el nombre de María. Si el nombre de Jesús es santificador, también santifica el nombre de María si sabemos pronunciarlo con todo el respeto y amor que se merece. He aquí por qué después del nombre de Dios y el de Jesús, es el más popular de todos. Las madres lo enseñan a sus hijos, los enfermos y atribulados así la llaman, los moribundos, de este modo la invocan.


¡Cuántas iglesias! ¡Cuántas ermitas en todo el mundo levantadas en honor del nombre de María! ¡Cuántos pecadores solo con esta invocación se han convertido! ¡Cuántos milagros efectuados con la invocación del nombre de María! No hay nada más dulce a las almas santas, ni más provechoso a las pecadoras, que juntar esos dos nombres benditos de Jesús y María y pronunciarlos e invocarlos muy a menudo para acostumbrase a sacar de ellos la inmensa utilidad que su frecuente repetición lleva a las almas. ¿Lo haces así tú? ¿Te has preocupado de estudiar la importancia y la grandeza divina de este Santísimo nombre? ¿Lo dices muchas veces con verdadero fervor, especialmente en las tentaciones, dificultades, contrariedades y penas de la vida? ¿Lo tienes sobre todo bien grabado en el fondo de tu corazón?



viernes, 8 de septiembre de 2017

8 DE SEPTIEMBRE, NACIMIENTO DE NUESTRA SANTA ESPERANZA

La Natividad de la Santísima Virgen María constituye un motivo de alegría universal para la tierra y para el Cielo. En su nacimiento se alegraron Dios, los Ángeles, los Santos y la Iglesia toda

El nacimiento de la Santísima Virgen María, la Mujer predestinada para ser Madre de Dios aparece sobre la tierra con su alma Santa e Inmaculada, con la misma Pureza y Santidad con que salió de las manos de Dios. Y su vida terrena es vida de gracia, no es una vida celestial sino verdaderamente divina. Por eso, la Iglesia, la celebra y a todos nos invita a celebrarla con estas palabras: “Con alegría grande celebramos la Natividad de la Santísima Virgen María, pues su nacimiento ha llenado de gozo el universo mundo”.

Alégrate y corre a felicitar a tu Madre querida, la única que merece ser felicitada en su nacimiento, la única que trae con su vida terrena el germen de la vida de la gracia para sí y para todos los demás.

Es la obra maestra de las manos de Dios. Al ver el Señor, dice el Génesis, las cosas que había creado, le parecieron muy buenas y se gozó en ellas. ¡Cómo, pues, se gozaría al ver a María! Penetra aún más en este pensamiento. Recuerda cómo el hombre pecó y con su pecado toda la creación, y el plan de Dios se trastornó. Ya no podía el Señor mirar con gusto a la tierra; no tenía donde posar sus ojos. Por todas partes se había extendido el reino del pecado.

Pero aparece María y todo cambia. Después de cuatro mil años vuelve Dios a ver hermosa la creación, la tierra los hombres. Ya no se aparta su vista de ellos, con asco y repugnancia. Otra vez ve su imagen perfecta y pura en María y por María contempla restaurada esa imagen en los demás. ¡Qué gozo el de Dios al ver a María en su nacimiento! ¡Qué alegría al contemplarla tan Pura, tan Santa, tan llena de Gracia!




sábado, 2 de septiembre de 2017

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES

¿Qué es lo que quiere usted?
Deseo que sigáis yendo a Cova de Iría en los días 13, que sigáis rezando el rosario todos los días. El último mes haré el milagro para que todos crean.

Cuarta Aparición

Para más información, pinchar AQUÍ


viernes, 1 de septiembre de 2017

A TI MADRE SANTÍSIMA DE LOS DOLORES

¡Oh Virgen!, la más dolorosa del mundo después de tu Hijo, a cuyos dolores estuviste perpetuamente asociada: te ruego que me alcances fortaleza para sufrir por mis pecados, como Tú sufriste por los nuestros

¡Oh Virgen Dolorosa!, por el dolor que sufriste cuando el anciano Simeón te profetizó las contradicciones con que el mundo había de perseguir a tu Hijo, te suplico no permitas que yo me encuentre entre los mundanos enemigos de tu Hijo, sino entre los que profesan dócilmente su doctrina y la reflejan en sus costumbres verdaderamente cristianas, para que sea también de aquellos a quienes Él será resurrección y vida.


sábado, 26 de agosto de 2017

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

“A quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace devoto de la Virgen María”

¡Oh Clementísima Reina! Dignaos socorrernos sin mirar la multitud de nuestros pecados. Acordaos que nuestro Creador se ha hecho carne en vuestro seno, no para condenar a los pecadores sino para salvarlos. Si vos hubierais sido hecha Madre de Dios solo en vuestro beneficio, podría decirse que nuestra salvación os era indiferente; pero Dios se ha hecho hombre por vuestra salvación y la de todo el género humano ¿De qué nos serviría vuestro poder y vuestra gloria si no nos hicierais partícipes de vuestra bienaventuranza? ¡Ah¡ dignaos ayudarnos y protegernos: a Vos nos encomendamos; haced que eternamente amemos y sirvamos a vuestro Hijo Jesucristo. Amén.

San Anselmo


miércoles, 23 de agosto de 2017

PENSAMIENTOS SOBRE EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, SEGÚN EL ESPÍRITU DE FÁTIMA

Desagravio al Corazón de María

"Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido"

13/10/1917 - Sexta Aparición

La Virgen pidió en Fátima a los tres niños ofrecieran sacrificios en reparación de las ofensas que se infieren a su Inmaculado Corazón. Pidió en particular la comunión reparadora de los Primeros Sábados.

Lo que sostiene a este mundo pecador es el espíritu de reparación, que llega a su valor más alto en el Santo Sacrificio de la Misa, donde Nuestro Señor encabeza las reparaciones y desagravios de la Iglesia toda a su Eterno Padre.

Se ofende a Dios, y se ofende mucho también a su amadísima Madre, cuyo Corazón gime atravesado por la Espada. "Ese vaso de santidad -exclama San Buenaventura- ¿cómo se ha trocado en mar de penalidades?" La Virgen Madre puede responder: "Hijos he criado y exaltado, mas ellos me despreciaron".

¡Penitencia! nos dice María en Fátima como en Lourdes. Sí: Fátima es un pregón de penitencia para esta época en que se niega la gravedad del pecado, se glorifica el sensualismo y se concretan las aspiraciones a gozar de esta vida.

No volver a pecar: esto es lo primero en el verdadero penitente. Y luego, mortificarse y sufrir por Dios. Oigamos, pues, el clamor de María: ofrezcamos oraciones, buenas obras y sacrificios en desagravio a su afligido Corazón.



martes, 22 de agosto de 2017

DÍA 22 DE AGOSTO, INMACULADO CORAZÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA

"Desde que Dios determinó hacerse hombre, fijó su vista en María y desde entonces dispuso todos los preparativos necesarios. Además la previno con bendiciones de dulzura y puso sobre su cabeza una corona de piedras preciosas, esto es, de gracias y bellezas, pero mucho más enriqueció su Corazón"

“Las Tres Divinas Personas tomaron tres gotas de la sangre del Purísimo Corazón de María; de esta sangre formaron un cuerpo, criaron un alma racional y la unieron a aquel cuerpo, y al cuerpo y al alma así unidos, se unió la Segunda Persona de la Santísima Trinidad; y he aquí lo que fue encarnarse o hacerse hombre el Hijo de Dios”

“El Corazón de María es el altar de la gracia. En la ley antigua había dos altares, uno de oro y otro de bronce (en la ley nueva existen también dos altares): El Corazón de María y la Cruz; el sacrificio matutino y el vespertino: María y Jesucristo... Con Jesús era Cor unum et anima una. Lo mismo que en el Calvario, también en la misa... Sobre este altar del Corazón de María, jamás faltó el fuego del amor”


“Nadie se puede salvar sin el auxilio de la gracia que viene de Jesús, como cabeza que es de la Iglesia o cuerpo, y María es como el cuello que junta, por decirlo así, el cuerpo con la cabeza; y así como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, así, pues, las gracias de Jesús pasan por María y se comunican al cuerpo o a los devotos, que son sus miembros vivos: In Christo fuit plenitudo gratiae sicut in capite fluente; in María sicut in collo transfundente

“María es, pues, el corazón de la Iglesia. He aquí por qué brotan de él todas las obras de caridad. Sabido es que el corazón tiene dos movimientos, que llaman los facultativos sístole y diástole. Con el primero se encoge y absorbe la sangre; con el segundo se dilata y la derrama por las arterias. Así también María está continuamente ejercitando esos dos movimientos: absorbiendo la gracia de su querido Hijo y derramándola en los pecadores”

San Antonio María Claret,
 Apóstol del Corazón de María


domingo, 20 de agosto de 2017

LA DORMICIÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA y II

“Ven, hermosa mía, paloma mía, ven que ya pasó el invierno de este valle de lágrimas; ven del Líbano y serás Coronada”

Agonía dulcísima.- Dios ya no pudo resistir más y decidió condescender a estos amorosos anhelos. Según la tradición, envió al ángel San Gabriel con este anuncio dulcísimo: “Dios te salve, la llena de gracia, mucho más que en el día de la Anunciación, el Señor ha escuchado tus vivas ansias y me manda decirte que te dispongas a dejar la tierra, porque quiere ya coronarte en el Cielo. Ea, prepárate y date prisa porque todos los ángeles suspiran por tener en su compañía a su Reina y Señora” Contempla de nuevo a la humildísima Virgen al escuchar esta embajada. Otra vez se postra en tierra, otra vez repite: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí su deseo”.

Ahora mira al discípulo amado. Se ha dado cuenta de que María se va al Cielo, no puede ni pensarlo. ¿Qué va a hacer si le quitan aquella joya? Acostumbrado a aquellas miradas maternales, a aquellos mimos amorosísimos, ¿cómo va a vivir? Difícil es comprender cuál sería su dolor. Él, que la había recibido como un tesoro en el Calvario y que como un avaro la había guardado con tanta solicitud, con cuidados y desvelos diarios y ahora, la muerte, ¿todo se lo iba a arrebatar?

Añade a esto el dolor de los demás apóstoles y discípulos, el de los cristianos todos y, en particular, el de las piadosas y santas mujeres en cuya compañía había vivido. Triste, muy triste y espantosa fue para todos esta agonía. Solo para Ella fue dulcísima y procuraría endulzársela a los demás, diciéndoles: “No lloréis, porque os conviene que yo me vaya, para atenderos desde el Cielo. Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos” ¡Qué promesa tan dulce para nosotros!, y ¡cuánta verdad es que María está siempre con nosotros!

Muerte felicísima.- La Iglesia no se entristece, ni celebra exequias en este aniversario de la muerte de María. Se viste de gozo y alegría y celebra con gran solemnidad esta muerte como una magnífica fiesta. Es preciosa la muerte de los Santos, dicen las Sagradas Escrituras. Pues, ¡qué diremos de la de María? San Juan Damasceno dice que el mismo Cristo le dio la última Comunión, diciéndole: “Recibe, Señora y Madre mía, de mis manos el Cuerpo que Tú me diste y que en tu preciosísimo seno se formó” Y que la Virgen, respondería: “Hijo mío, en tus manos encomiendo mi espíritu” Y el Señor, entonces, hizo salir a aquella Bendita Alma de su Cuerpo y la tomó en sus manos, mientras la regalaba con aquellas palabras: “Ven, hermosa mía, paloma mía, ven que ya pasó el invierno de este valle de lágrimas; ven del Líbano y serás Coronada”

Así murió María, como únicamente podía morir, con la muerte del amor, de la que, como de San Francisco de Sales, “murieran los ángeles si estos fueran mortales” ¿Quién nos diera una muerte semejante? No olvides que la muerte es imagen de la vida. Quieres morir como María, pero ¿vives como Ella? De su parte no te faltará ayuda y protección; que te asegure una santa y dulce muerte. Pídeselo así diariamente con gran fervor a tu querida Madre.





sábado, 19 de agosto de 2017

CUARTA APARICIÓN - 19 DE AGOSTO DE 1917


Cuarta Aparición

Domingo, 19 de agosto, en los Valinhos

(La aparición no se realizó el día 13 en Cova de Iría porque el Administrador del Concejo apresó y llevó a Vila Nova de Ourem a los pastorcitos con la intención de obligarles a revelar el secreto. Los tuvo presos en la Administración y en el calabozo municipal)

Les ofreció los más valiosos presentes si descubrían el secreto. Los pequeños videntes respondieron:
-No lo decimos ni aunque nos den el mundo entero.
Los encerró en el calabozo. Los presos les aconsejaron:
-Pero decid al Administrador ese secreto. ¿Qué os importa que esa Señora no quiera?
-¡Eso no –respondió Jacinta con vivacidad-, antes quiero morir!

Y los tres niños rezaron con aquellos infelices el rosario, delante de una medalla de Jacinta colgada de la pared.

El Administrador, para amedrentarlos, mandó preparar una caldera de aceite hirviendo en la cual amenazó asar a los pastorcitos si no hacían lo que les mandaba. Ello, aunque pensaban que la cosa iba en serio, permanecieron firmes sin revelar nada. El día 15, fiesta de la Asunción, los llevó por fin a Fátima.

Habiendo ya contado lo que sucedió en este día, pasaré a hablar de la aparición que, según mi opinión, tuvo lugar el día 15 por la tarde. Como todavía no sabía contar los días del mes, puede ser que me equivoque. Pero tengo la idea de que fue el mismo día en que volvimos de Vila Nova de Ourem.

Estuvimos con las ovejas en un lugar llamado Valinhos, Francisco y su hermano Juan, acompañándome. Sintiendo que algo sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que Nuestra SEÑORA nos venía a aparecer y teniendo pena de que Jacinta quedaba sin verla, pedimos a su hermano Juan que fuese a llamarla. No quería ir, y le ofrecí dos veintenos y allá se fue corriendo. Entretanto, Francisco y yo vimos el reflejo  de luz que llamábamos relámpago y al instante de llegar Jacinta vimos a la SEÑORA sobre una encina.

-¿Qué es lo que quiere usted?
-Deseo que sigáis yendo a Cova de Iría en los días 13, que sigáis rezando el rosario todo los días. El último mes haré el milagro para que todos crean.
-¿Qué es lo que quiere usted que se haga con el dinero que la gente deja en Cova de Iría?
-Hagan dos andas, una para ti y Jacinta, para llevarla con dos chicas más vestidas de blanco y otra que la lleve Francisco con tres niños más. El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra SEÑORA del Rosario, y lo que sobre es para ayuda de una capilla que se debe hacer. (Andas usadas en Fátima y otros lugares no son para transportar imágenes, sino para recoger ofertas en dinero y en género)

-Yo quisiera pedirle la curación de algunos enfermos.
-Sí, a algunos los curaré durante el año.
Y tomando un aspecto muy triste, la Virgen añadió:
-Rezad, rezad y haced sacrificios por los pecadores, porque muchas almas van al infierno por no tener quien se sacrifique por ellas.
Y la Señora comenzó a subir como de costumbre hacia Oriente.


jueves, 17 de agosto de 2017

LA DORMICIÓN DE NUESTRA MADRE MARÍA

"María murió de amor. Esta fue su enfermedad de toda su vida"

MUERTE DE MARÍA

Realidad de su muerte.- María murió en realidad, aunque no estaba sujeta a la muerte. Esta es castigo del pecado y, por lo mismo, no pudo ser castigo del alma Santísima y Purísima de María. Ella no tuvo ni pecado original, ni actual, ni mancha de la más pequeña imperfección. No obstante, Dios quiso que muriera, para imitar así a su Hijo, que también murió; para aumentar aún más sus merecimientos, pasando por esa humillación tan terrible y repugnante que no había merecido, sobre todo para servirnos de ejemplo y consuelo en nuestra muerte.

Fue muy conveniente que Cristo muriera para satisfacer abundantemente por nosotros, para vencer con su muerte la muerte del pecado, para demostrarnos que era verdadero hombre, igual que nosotros, capaz de sufrir, de sentir, de parecer, de morir como los demás, para experimentar en sí las angustias de la muerte y servirnos de admirable ejemplo de fortaleza y paciencia en nuestra agonía. Por tanto, si fue conveniente que Cristo muriera, ¿no la haría de ser también que muriera su Madre? Si muere el Redentor, ¿no había de morir la Corredentora?

Piensa ante esta realidad de la muerte de María, la realidad de la tuya. Tú sí que realmente tienes que morir, necesariamente tienes que morir, pues si la muerte entró en el mundo por el pecado, tus pecados han merecido mil muertes. Con ella debes satisfacer lo que ofendiste a Dios pecando.

Muerte de amor.- María murió de amor. Esta fue su enfermedad de toda su vida. Santa Teresa de Jesús moría, porque no moría de amor. Santa Imelda murió en un éxtasis amoroso. Y así otros santos, no pudiendo resistir la fuerza del fuego del amor que les abrasaba, tuvieron que morir, pues, ¿qué pasaría en la Virgen? Lo admirable es que viviera. Eso era un milagro continuo. Pues naturalmente, debía morir.

¿No has visto árboles cargados de fruto que no pueden sostenerlo? Así fue la Santísima Virgen, árbol riquísimo que no pudo sostener el fruto de aquella preciosísima alma que, cargada desde el primer instante de la plenitud de la gracia, fue creciendo y aumentando sin cesar ni un solo momento se su vida. ¿Cómo pudo aquel cuerpo, aunque tan puro, tan santo, tan inmaculado, sostener aquella alma que ya, desde su misma concepción, se elevaba con fuerza irresistible hacia el cielo?

Además de esto, ¿cuál sería la dulcísima y a la vez violentísima fuerza con que Jesús atraería al alma de su Madre?, y ¿cuál el anhelo de esta blanquísima paloma por volar a su Jesús? no hay duda que para Ella se escribieron aquellas palabras: “¡Ay! Y cuánto se prolonga mi destierro. Por cuánto tiempo he vivido con los moradores de Cedar y ha estado mi alma peregrinando en esta vida”. Otras veces, con más ardor que David, exclamaría: “Como el ciervo corre a la fuente de las aguas, así mi alma te desea a Ti, mi Dios. ¿Cuándo será que venga y me presente delante de Ti? En fin, hablando con los ángeles les diría aquello del Cantar de los Cantares: “Os conjuro, moradores de la celestial Jerusalén, que si encontráis a mi Amado le digáis que estoy enferma de amor”

Y así se fue encendiendo por momentos, cada vez más, aquel volcán que ardía en su alma, hasta llegar a consumirla y abrasarla por completo. ¿No te da envidia? ¿Por qué no amar así a tu Dios? ¿Por qué no dejarte abrasar por Él, si Él quiere encender en tu alma este divino fuego? ¡Qué vergüenza pensar que todo depende de ti, que la culpa de que así no sea, está en ti y no solo en ti!